Coníferas insulares del mundo están amenazadas de extinción de aquí a 2070 por el cambio climático

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    El cambio climático encaminará a muchas especies de coníferas nativas de pequeñas islas de todo el mundo a la extinción para 2070, incluso después de permitir cierto margen de maniobra realista en el rango de las condiciones climáticas que esas especies podrían resistir, según una nueva investigación que publica la revista ‘Nature Climate Change’ que, en principio, excluye al pino canario de esa extinción.

    El estudio, dirigido por investigadores norteamericanos de la Universidad de Brown, ha comprobado que hasta una cuarta parte de las 55 especies de coníferas (un grupo que incluye abetos y pinos) incluidas en el estudio se enfrentarán a la extinción según las predicciones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) para Calentamiento global futuro.

    Las especies con mayor riesgo tienden a ser las nativas de islas más pequeñas, según el estudio, con un riesgo de extinción que aumenta rápidamente en islas de menos de 20.000 kilómetros cuadrados.

    «Nuestro trabajo muestra que las especies nativas de islas relativamente pequeñas están en gran peligro debido al cambio climático, y relativamente pronto –alerta Dov Sax, subdirector del Instituto Brown para Medio Ambiente y Sociedad y coautor del estudio–. Pero el trabajo también nos ayuda a identificar qué especies están en mayor riesgo y cuáles tienen menos riesgo, lo que ayuda a priorizar la conservación».

    La investigación adopta un enfoque emergente para estudiar el riesgo de extinción. Los investigadores tradicionalmente han evaluado el riesgo al observar el rango de condiciones climáticas en el rango nativo de una especie y suponiendo que esos son los límites climáticos que la especie puede soportar. Pero para este nuevo estudio, los investigadores esperaban usar una estimación potencialmente más realista de las condiciones climáticas que las especies pueden manejar.

    «Si solo observas las condiciones en los rangos nativos y modelas el riesgo a partir de eso, llegarás a la conclusión de que todo en las islas pequeñas está condenado –advierte Sax, quien es profesor de Ecología y Biología Evolutiva en Brown–. Pero sabemos que muchas de estas especies han sobrevivido a instancias pasadas de cambio climático, por lo que lo que queríamos hacer aquí era pensar en qué condiciones podrían prosperar las especies si lo necesitaban».

    Para ello, los investigadores utilizaron datos sobre dónde se sabe que los miembros de una determinada especie sobreviven y prosperan fuera de sus rangos nativos. Las coníferas son populares para plantar en jardines, lo que significa que hay muchos ejemplos documentados de árboles y poblaciones individuales que viven lejos de sus islas nativas en una variedad de climas.

    Los datos sobre dónde se sabe que viven estas especies permitieron a los investigadores construir tres categorías de nichos climáticos para las especies en el estudio. Primero está el nicho realizado, que consiste en las condiciones climáticas en el rango nativo de una especie.

    El segundo es el nicho fundamental, que incluye condiciones fuera de aquellas dentro del rango nativo de una especie en las que las plantas pueden reproducirse lo suficientemente bien como para sostener una población por sí mismas. Los investigadores determinaron que al buscar casos en los que las especies, probablemente las primeras plantadas en forma hortícola, pudieran filtrarse en la naturaleza y establecer poblaciones de reproducción.

    Y tercero, el nicho de tolerancia, en el que las condiciones en las que las plantas individuales pueden sobrevivir, pero no son capaces de reproducirse a un ritmo que sostenga a una población. En otras palabras, las especies empujadas al nicho de tolerancia están en el camino de la extinción.

    Habiendo establecido categorías de nicho para cada especie, los investigadores utilizaron las estimaciones del IPCC sobre el cambio climático futuro para ver cuáles estaban en peligro de extinción. El estudio encontró que el 23,6 por ciento de las especies en el estudio estarán fuera de sus nichos fundamentales en el escenario climático más extremo del IPCC, lo que Sax señala es también el escenario más probable dado nuestros niveles actuales de emisiones de carbono.

    Algunas especies, según el análisis, estarán fuera incluso de sus nichos de tolerancia. Es importante destacar que, según Sax, las estimaciones de nichos expandidos ayudan a dar una idea de qué especies específicas están en riesgo y cuáles no, lo que podría ser importante para la conservación.

    «Al principio, nos animaron a descubrir que la mayoría de las especies tienen mucho margen de maniobra en sus nichos climáticos –explica Kyle Rosenblad, investigadora en el laboratorio de Sax y coautora del estudio–. Pero de manera alarmante, todo este margen de maniobra aún no es suficiente para amortiguar a algunos de los cambios previstos en el clima».

    El estudio mostró que se espera que el pino canario, por ejemplo, permanezca dentro de su nicho fundamental, las condiciones climáticas en las que se encuentra que se reproduce fuera de su rango nativo, lo que sugiere que está potencialmente a salvo de la extinción.

    En el otro extremo del espectro se encuentra el cedro de Bermudas, que se espera que sea eliminado no solo de su nicho fundamental, sino también de su nicho de tolerancia. Eso significa que no habrá lugar en su isla nativa de Bermudas donde los individuos de esta especie puedan sobrevivir.

    Una tercera categoría incluye especies como el pino de la isla de Norfolk, que es nativo de la pequeña isla de Norfolk en el Pacífico Sur. Se espera que las condiciones climáticas futuras en Norfolk estén fuera del nicho fundamental de la especie, pero dentro de su nicho de tolerancia. Eso significa que los individuos aún podrán sobrevivir en algunos lugares, pero no podrán reproducirse sin la ayuda humana. Eso hace que la extinción sea inevitable sin intervención humana.

    «Encontramos una gran variedad de especies que parecen estar bien –admite Sax–. Estarán vivos y es posible que incluso veas algunas plántulas. Pero como no pueden reproducirse lo suficiente para mantener su población por sí mismas, en realidad estarán en el camino de la extinción».

    Al identificar la especie con mayor riesgo de extinción, dice Sax, el estudio puede ayudar a dirigir los esfuerzos para salvarlos a través de soluciones de ingeniería, como el riego u otras estrategias. Y al identificar a las especies con una buena probabilidad de sobrevivir, el estudio podría ayudar a concentrar los esfuerzos de conservación para preservar sus hábitats. Eso beneficiaría no solo a las coníferas, sino a otras especies de plantas en general.

    «Si proteges áreas que son buenas para estas coníferas, proteges áreas que también son buenas para otras especies de plantas», concluye Sax.

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