Manos Unidas destina 500.000 euros a 11 proyectos para paliar la crisis climática, el hambre y la violencia en África

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    Manos Unidas ha destinado cerca de 500.000 euros a 11 proyectos de emergencia para hacer frente a las necesidades de las poblaciones afectadas por la crisis climática, el hambre y la violencia en África.

    Los efectos del cambio climático entre las poblaciones más vulnerables son motivo de preocupación para la ONG de la Iglesia católica. «Hemos tenido que aprobar diversas iniciativas de emergencia tendentes a paliar los daños de las lluvias erráticas o de los ciclones en las comunidades en la que trabajamos», ha informado Mabel Ibáñez, coordinadora de proyectos en África de Manos Unidas.

    En su opinión, «el maltrato al planeta tiene consecuencias en la agricultura, la pesca y la ganadería, que son los medios de vida de las comunidades más vulnerable, y afectan, además, a la salud o a la educación. Al igual que las sequías prolongadas, que llevan al hambre a poblaciones enteras».

    Manos Unidas recuerda que en febrero el Programa Mundial de Alimentos advirtió de que el hambre severa afectaba ya a 13 millones de personas en Etiopía, Kenia y Somalia, donde las mujeres ancianas se lamentan por el hambre esperando a que alguien las asista en sus cabañas.

    «La peor sequía de los últimos años amenaza a millones de personas en el Cuerno de África», una cifra que, según Ibáñez, «no ha hecho más que aumentar, impulsada por conflictos como el del Tigray etíope y, últimamente, por la guerra en Ucrania», según ha explicado Ibañez.

    En Manos Unidas están recibiendo testimonios angustiados de agricultores que ven cómo, tras tres temporadas de lluvias fallidas, se malogran las cosechas y de cómo muere el ganado, su mayor fuente de ingresos, por la falta de pastos y de alimento para subsistir.

    En el distrito de Dassanech, en la región etíope de Naciones, Nacionalidades y Pueblos del Sur la mitad de la población padece hambre severa como resultado de la «peor sequía de la historia», de las inundaciones y del conflicto que se vive en el país. «Si no se producen las lluvias en las próximas semanas, habrá un mayor riesgo de pérdida de vidas humanas y un incremento de personas afectadas por el hambre severa», ha alertado Muluneh Tesfay, director de la oficina de desarrollo del vicariato de Soddo, socio local de Manos Unidas en Etiopía. «Millones de campesinos se plantean cada día cómo dar de comer a sus familias», ha asegurado Tesfay.

    También desde Etiopía el padre Solomon Kebede, director de programas de la oficina de desarrollo del vicariato de Meki, explican que la escasez de alimentos ha derivado en un drástico incremento de los precios que ha dejado sin acceso al mercado a las personas más pobres de las zonas rurales y semiurbanas. Esto está llevando a que aumenten las migraciones del campo a las ciudades lo que también está afectando a la economía urbana.

    «Para hacer frente a esta escasez de alimentos muchas personas han vendido sus bienes y su ganado y ahora ya no tienen más remedio que pedir ayuda al gobierno y a las organizaciones humanitarias. Y, como siempre, las mujeres y los niños son los más afectados por la carencia de alimentos», ha comentado Kebede.

    En su reciente visita a Manos Unidas, el padre Teshome Fikre, secretario de la Conferencia Episcopal Etíope, se refirió a la guerra del Tigray como uno de los detonantes del incremento del hambre en el país. «El conflicto está causando el desplazamiento de cientos de miles de personas, destruyendo propiedades y, más importante aún, vidas humanas*. Además, advirtió que, con los granjeros en el frente o sin posibilidad de cultivar, la población depende totalmente de los *servicios de emergencia», lo que está provocando «una escasez de comida, que puede originar problemas de hambruna».

    Según el Programa Mundial de Alimentos, 9,4 millones el número de personas precisaban ayuda alimentaria en Etiopía.

    En Kenia, según el gobierno, más de 3,1 millones de personas corren grave riesgo de hambruna. La hermana Lourdes do Patrocinio, misionera de Jesús Crucificado, que convive estrechamente con los pastores nómadas de la aldea de Kataboi, asegura que el clamor del hambre se ha abierto paso en la localidad. «Cuando caminas por la aldea el lamento que más se oye es ‘Akoro’, que significa tengo hambre». Y suelen ser las mujeres ancianas las que lo pronuncian mientras permanecen solas en sus cabañas a la espera de que alguien las atienda.

    En lo que va de año Mozambique y otros países de África Septentrional, como Madagascar o Malaui, han sufrido la llegada de ciclones y tormentas de gran intensidad, que han causado graves daños entre las poblaciones más vulnerables.

    Desde Nacala Porto, ciudad costera al norte de Mozambique, la hermana María Gómez-Lechón explica cómo estos fenómenos, cada vez más frecuentes, ponen en jaque a una población «demasiado acostumbrada a sufrir»: pérdida de cosechas, pueblos aislados, escuelas muy dañadas y muchas viviendas -de adobe- desmoronadas por causa de la lluvia constante durante tanto tiempo. «Esto no es comparable ni con Ucrania, porque esto es endémico. Aquí la gente muere por causas evitables y prevenibles. Si no hubiera tanta desigualdad*», lamenta la religiosa.

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