Pregón Semana Santa de Cádiz 2018

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    Llevaba semanas esperando este momento. La ilusión se palpaba en su rostro a medida que se acercaba el Domingo de Pasión, día tradicional para el pregón de la Semana Santa.

    Había pasado una Cuaresma repleta de actos y Juan Carlos Torrejón Belza, pregonero de la Semana Mayor de este 2018, sabía que el reloj estaba a punto de marcar las doce del día de ayer, mientras miraba las manecillas de su reloj entre bastidores. A esa hora ya todo estaba listo en el Gran Teatro Falla para el comienzo del acto que abría la filarmónica de Conil de la Frontera que interpretaba tres marchas, una de ellas escogida por el pregonero, “Piedad” dedicaba a su hermandad y de la que Torrejón llegó a ser hermano mayor. En el palco municipal presidía el acto junto al alcalde José María González, el obispo de la diócesis, monseñor Rafael Zornoza, así como miembros de la Permanente del Consejo y del Secretariado Diocesano.

    Tras las palabras de Juan Manzorro y el rezo del ángelus, presentaba al pregonero su antecesor, Juan Mera Gracia, quien le cedía la palabra entre los aplausos del público que, a pesar de la fuerte lluvia que inundó calles y plazas durante la mañana, acudió a escuchar el anuncio de la Semana Santa en labios del pregonero.

    Juan Carlos Torrejón fue desglosando sus sentimientos por espacio de una hora y media

    comenzando con los saludos protocolarios para fundirse con la música que le acompañó en diferentes momentos de su exaltación, caso del espacio que dedicaba a su Hermandad de Piedad como en momentos tan especiales dedicados a los crucificados de la Buena Muerte y de la Misericordia. Fue un pregón emotivo y solemne en el que fue nombrando a todas y cada una de las imágenes titulares de las hermandades gaditanas.

    Se miró en los ojos de la Virgen de la Caridad. Caridad del Domingo de Ramos, a la que ha llevado durante varios años sobre sus hombros piropeándola mientras paseaba su gracia por las calles de una ciudad abierta a la primavera. Concretamente esta archicofradía tuvo el detalle de ofrecerle el fundido del primer cirio de la candelería de la Virgen, recibiendo calurosos aplausos.

    Terminado el acto el pregonero acudía al besamanos de la Virgen de las Penas en el barrio de la Viña, para cumplir con el protocolo. Ya por la tarde continuó su apretada agenda visitando los templos de Santa Cruz y Santo Domingo, terminando en San Francisco en el solemne traslado del Cristo de la Vera-Cruz hasta su paso.

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